
Existe un fenómeno meteorológico muy peculiar en la geopolítica contemporánea: la “guerra humanitaria” tiene la curiosa propiedad de evaporarse justo encima de los mayores depósitos de recursos naturales ajenos. Qué coincidencia tan notable.
Tomemos a Venezuela. Nación que posee aproximadamente 300 mil millones de barriles de petróleo comprobado – algo así como cinco veces el arsenal energético de los propios Estados Unidos. Un detalle geográfico y geológico particularmente desafortunado, digámoslo así. Porque, fíjense bien, es precisamente en ese territorio bendecido por las reservas donde florece, de repente, una preocupación humanitaria tan candente, tan urgente, que exige decapitación con aviones de guerra, aprensión de tanqueros y, claro está, la captura de un Presidente de la República.
Todo muy moral. Muy democrático.
La fórmula es vieja como el imperio, pero funciona con la precisión de un reloj. Primero, fabricas un enemigo público: el “dictador perverso”, el “narcoterrorista”, la “amenaza para la región”. Después, construyes una narrativa que cabe perfectamente en treinta segundos de noticiero: “estamos aquí para salvar al pueblo”, “estamos aquí para combatir las drogas”, “estamos aquí para restaurar la democracia”. Y, muy discretamente, también mencionas que hay petróleo, pero solo en los informes internos, en los memorandos clasificados, en aquellos documentos que solo circulan entre las agencias de inteligencia.
Trump, sin embargo, perdió la elegancia tradicional. El hombre abrió la boca y dijo en voz alta: “queremos que nos devuelvan nuestro petróleo”, “nos vamos a quedar con el petróleo”, “Venezuela se apoderó de nuestros derechos energéticos”. Como si el petróleo fuera un reloj de oro que un niño travieso hubiera robado en el patio de la escuela y ahora el profesor viniera a recuperarlo, con derecho a castigo corporal.
No es invención de un blog de opinión. Es registro público. Vídeos. Declaraciones presidenciales. La candidez del imperio, de repente, sin barniz.
La Doctrina Monroe, Ahora en Versión “Trump Remix”
¿Saben aquella vieja máxima de 1823 – “América para los americanos”? Pues bien, no murió. Simplemente entró en receso, esperando el momento adecuado para una gira de reencuentro.
La Casa Blanca ya se encargó de explicitar: se trata de una actualización de la Doctrina Monroe para el siglo XXI, un corolario lógico de Trump.
¡La confiscación, el robo siguen siendo los mismos! Lo que cambió, técnicamente, es solo el arsenal. La lógica persiste: el hemisferio occidental es zona de influencia americana, y cualquier gobierno que no se alinee, que se arriesgue a asociarse con China, Rusia o Irán, que se atreva a pensar en recursos propios como propiedad propia: ese gobierno necesita ser “corregido”. Por su propio bien, naturalmente.
Dicho de otra forma: América Latina es, todavía hoy, el patio trasero de Washington. Y el patio trasero tiene dueño.
La Industria del “Narcoterrorista de Turno”
Hay un personaje recurrente en esta obra teatral de Estado: el “narcoterrorista”. Es una etiqueta elástica, cómoda, que sirve tanto para justificar bloqueos económicos como para autorizar operaciones militares, confiscación de activos, aprensión de barcos y ejecuciones extrajudiciales – siempre que sean televisadas con la debida solemnidad.
El problema es que, mientras Washington acusa a Caracas de narcotráfico, el mayor mercado consumidor de drogas ilícitas sigue en casa. Miles de muertes por sobredosis anualmente. Una epidemia de opioides que ya le ha costado a la economía de EE.UU. cerca de 1,5 billones de dólares, según reconocen sus propios analistas.
Nadie obliga a un estadounidense a volverse adicto al fentanilo, a la oxicodona, a nada. Son libres elecciones de una población libre en un país libre. Pero curiosamente, cuando se trata de Caracas o La Habana, la narrativa cambia: de repente, la culpa es del gobierno, de la dictadura que exporta criminales, de la industria del narcotráfico que conspira contra la libertad de las naciones.
¡La hipocresía es tan transparente que casi desaparece!
¿Entre el Autócrata y el Libertador de Portaaviones?
¡Aquí reside la amargura central de todo esto!
Nicolás Maduro es, a los ojos de organismos internacionales respetables, un dirigente que preside un régimen con serios problemas de autoritarismo, represión y violaciones de derechos humanos. Nadie por aquí viene a cantar himnos de alabanza al bolivarianismo en su forma actual.
Pero Trump – o cualquier presidente estadounidense que lance bombas en nombre de la democracia – tampoco es agente de virtud alguna.
Al contrario: es agente de una tradición imperial que ha volcado a demócratas elegidos, apoyado a dictadores útiles, financiado golpes militares, todo con la narrativa de “protección del mundo libre”.
El drama es que, entre el autócrata bolivariano de un lado y el libertador de portaaviones del otro, quien sangra es siempre el mismo personaje: el pueblo, aquel que no dirige una empresa estatal ni comanda un cuartel, aquel que muere en Caracas tanto en manos de la policía política como bajo el estruendo de una bomba “quirúrgica”.
Y ese pueblo no aparece en ningún comunicado oficial. No es citado cuando se habla de “salvación”, no es mencionado cuando se enumeran los “daños colaterales”. Es pura abstracción moral: la excusa que hace posible todo aquello que, de otra forma, se llamaría por su verdadero nombre: invasión, robo, recolonización.
Lo que más incomoda de toda esta historia no es siquiera la maldad – la maldad es explícita, dejó de esconderse hace tiempo. Lo que incomoda es la certeza blindada de que funciona. La convicción de que la población estadounidense – aquella que muere de sobredosis de opioides en un apartamento de Detroit, aquella que perdió su pensión en la Bolsa, aquella que reza para no enfermarse porque la salud cuesta un riñón – esa población ve una bomba cayendo sobre Caracas y concluye: “bueno, al menos estamos salvando la democracia allá afuera”.
Es la operación de marketing político más exitosa del siglo: transformar la rabia interna en agresión externa, convertir la frustración doméstica en una cruzada moral internacional.
Cualquier cronista que supiera ver el absurdo cuando nadie más lo percibía, diría algo así: “Agarré la noticia del noticiero y me reí. Después lloré. Después me reí de nuevo. Porque reír es la única respuesta honesta para quien ve al imperio gritar ‘humanidad’ mientras cuenta barriles de petróleo con los dedos.”
El pueblo que no aparece en el comunicado oficial es el personaje principal de esta farsa. Y mientras esté invisible en la letra pequeña de la geopolítica, seguirá sangrando en los dos márgenes: debajo de la bota del autócrata local o debajo de las alas del libertador importado.
Qué coincidencia tan notable, ¿no es cierto?
Es la regla del juego: detrás del lenguaje de la moralidad universal (derechos humanos, democracia, lucha antidrogas), opera una lógica férrea de poder y acumulación de riquezas.
Venezuela, con su petróleo, se ha convertido en el escenario perfecto para este montaje, donde la tragedia real de su pueblo es el telón de fondo ignorado para un conflicto mucho más antiguo: la disputa sobre quién tiene el derecho a poseer y controlar las riquezas del planeta, y a quién se le permite contar su propia historia.
Y los americanos no son americanos, son los viejos europeos de siempre hablando un inglés inculto.
Crescemos ouvindo que os EUA sempre invadem países que tem petróleo, e agora temos que acreditar que a invasão da Venezuela foi para restaurar a democracia??? E ainda querem convencer que estão combatendo o narcotráfico. Se fosse esse o motivo, a invasão deveria ser na Colômbia que é o maior produtor e exportador de drogas da América do Sul! Historinha pra boi dormir! 😴😴😴
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Os maiores traficantes do mundo são os americanos . A Colômbia pode produzir o quanto quiser , desde que siga o modelo da economia primária-exportadora , especializada em produto barato e subordinada a mercados externos que capturam o excedente. O problema decorre de o traficante latino-americano não mais se sujeitar a tantos atacadistas e distribuidores.
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Um sonoro q se exploda. Isso serve de exemplo aos que gritam “aqui é soberano!”… Porra nenhuma. Temos um Gorila no quintal de cima! Simples assim. Tendo uma invasão por aqui deixo o fuzil p os patriotas e militantes revolucionários. Vou p Países em que os EUA não tem interesse, pq o País não tem nada a oferecer que eles já tenham… Paraguai e Uruguai. Contrabando, maconha e carne. Vai lá Lula… Chama de neofascista de novo. Começa a latir como sempre faz. Kkkkkkkk Lembro do Maduro falando… Venham me buscar em Caracas!!!! Hahahahahahahahaha Grande dia. Aprendam… Grandes potências tomam e fazem o que querem. A história é escrita e contada pelos vitoriosos. Tá lindo de ver o Brasileiro burro fazendo figurinha de um caramelo pegando a Águia… kkkkkkk Vai lá grande estadista. Continua falando merda. Esqueceu q aqui tem pré sal? Petróleo na foz do Amazonas? Terras raras?
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